esperando relentes
su adorno las dunas
aislados de gente.
Los abraza la noche
se humedece su manto
no conoce reproche
sólo el viento en su canto.
Se cumplirá su sueño
lo que el labriego ha esperado
y el será el dueño
sin que lo haya comprado.
Cuando ya los páramos
convertidos en prados
bailarán las dunas también el labriego
a música del viento.
Róger Vásquez Jara
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