van a penar mis latidos
y mi voz
que nunca ha de enterrarse.
El día que me muera, en este rincón
echarán a cantar los grillos
y los aires
y mi amor
que nunca ha de callarse.
Las gaviotas y la golondrinas
elevarán mi verso claro
como una mala corona de espinas
que aún quiso quedarse en mi cuerpo.
El día que muera
voy a morir sonriendo la pluma
entre los labios
y mi último verso no querrá morir
pues mi alma no querrá marcharse.
Del viento, las azules ondas dirán
que aún es abril
y
que en primavera, todavía,
mil besos
de tus labios espero.
Azágar
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