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domingo, 27 de julio de 2008

Eternidades

El día que me muera, en este rincón
van a penar mis latidos
y mi voz
que nunca ha de enterrarse.

El día que me muera, en este rincón
echarán a cantar los grillos
y los aires
y mi amor
que nunca ha de callarse.

Las gaviotas y la golondrinas
elevarán mi verso claro
como una mala corona de espinas
que aún quiso quedarse en mi cuerpo.

El día que muera
voy a morir sonriendo la pluma
entre los labios
y mi último verso no querrá morir
pues mi alma no querrá marcharse.

Del viento, las azules ondas dirán
que aún es abril
y
que en primavera, todavía,
mil besos
de tus labios espero.

Azágar

jueves, 1 de mayo de 2008

Qué Será

Qué será del día en que tus labios
no tengan un porqué para besarme
a quién le daré mi amor bañado en soledad.
Qué será del día en que mi amor por ti se
/muera.
Qué catastrófico giro diera el mundo
si en el alba no quedasen nidos para los pájaros.
En Marzo la rosa estaría quieta,
y yo no amaría nada, nada.
Extraviado el rastro del beso que te di
ninguna estrella recordaría que te quise.
Junio en el ajedrez, la luna en la ventana,
y yo no amaría nada, nada.
No amaría las tardes y una frente que besé.
No importó cuánto me abrazaras
o cuánto hiciera yo, íbamos a decirnos adiós
una definitiva hora que no estaría en las horas.
nadie callaría esa campana,
eternidad que se partiría como un pan.
Olvidaría tu nombre
como aquel amor que muere siendo verde su
/color.
Azágar

Soledad

Yo quisiera sentirme bien
(expreso mi disconformidad).
Mis coordenadas están del otro lado,
menos aquí, donde, como un extraño,
cojo mi quijada y la balanceo.
De chico fui a la escuela como otros
y como otros también amé y tuve sueños.
Yo no sé, pero sospecho
que nadie, entonces, me supo hacer feliz.
Dirán los maestros que fui retraído y solitario
y que soñaba mucho.
No lo sé
(expreso mi disconformidad).
Sólo sé que sufrí la partida de alguien
y que siendo impotente niño
el amor a veces,
como una ola fría,
también en mí moría.
Acompañaron mis sueños
seres de arcilla, arena y soledad.
He querido mucho, lo confieso,
y confieso también que lo hacía
cada vez que el sol se iba con la tarde.
Azágar